Cuando
visites el Templo..
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Antes que nada debes dirigirte hacía el Sagrario (esa cajita dorada con una vela
roja) allí te espera Jesús, vivo y verdadero,
haz allí tu oración, aunque sea muy breve, el te entiende... platica
con él, dale gracias, adórale, pídele perdón, hazle peticiones por ti y por
otros... Jesús estará contento
por esa visita, aunque haya sido muy corta...
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Si vas a practicar otra devoción
hazla, pero toma en cuenta que lo primero es Jesús. Recuerda que el Vía Crucis
y la imágenes son solo para ayudarnos a hacer oración y a recordar, no son la
meta de nuestra visita...
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Dime como te vistes y te diré con que
devoción vienes... El templo es un recinto santo, viste
de modo que no llames la atención, las personas vienen a orar y podrías
distraerlos con tú atuendo... los shorts, escotes, mini-mini faldas, pantalones
superapretados, etc. son ocasión de distracción para los fieles, respétalos...
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El Templo es la Casa de Dios, si vienes
a hacer un trabajo escolar, una visita turística u otro asunto diferente de la
fe, se respeta, pero ten en cuenta que primero lo primero: JESÚS. Luego, con
respeto y devoción puedes hacer aquel otro asunto, siempre recordando que estas
en una Casa de Oración.
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A un amigo ¿lo dejas con la mano
tendida al saludarte? Cuando cruces por en medio del templo haz una reverencia
al Sagrario es el saludo de los amigos de Jesús. Inclina la rodilla derecha
unos instantes o solo agacha ligeramente la cabeza, así demuestras que
reconoces que Jesús es tu Señor y Salvador y que todo depende de él.
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El Templo para orar, la plaza para
platicar...
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No
consumas alimentos en el Templo, te ves bien mal... ¿masticar chicle?...
ni que fueras rumiante.
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Si tienes ocasión de ayudar a otros a
respetar el templo y a hacer una oración, hazlo como hermano suyo que eres.
Pero cuidado, hazlo con amor fraterno no con autoridad y coraje... porque podrías
ser una piedra de tropiezo y eso es peor.
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Que te mueva en el templo mas tu devoción
que tus preocupaciones.
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Pídele a Dios que te concentres en lo
tuyo, en lo de Él y dejes a un lado tu alrededor.
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El templo es casa de Dios, por lo tanto
es tú casa, conserva limpio el santo recinto y cuida el mobiliario y demás
objetos. No rayándolos ni deteriorándolos
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